sábado, 28 de marzo de 2015

El mejor jugador

No, no. No voy a decir que fue uno que no metía muchas canastas pero era el mejor amigo de todos… o que era el alma del equipo, siempre animaba y siempre estaba ahí para echar una mano… tampoco. No,  no, no voy a comentar que el mejor fuese el típico “jugón” que tienen todos los equipos amateurs no. Qué va. El mejor que yo he visto fue un chaval, en el internado. Un chico de 1.90 cm y 17 años, largo y fino. Durísimo. Pero aparte de mates y jugadas imposibles, él destacaba en algo sobre todos los demás. Algo que hizo que entrenadores de la provincia se interesaran por él. Eso le sacaba de la mediocridad más absoluta en la que todos estábamos anclados: y es que no fallaba un tiro más allá de la línea de 6,25m. En todos los partidos que jugamos juntos, hizo 100% de acierto. Nunca fallaba en los partidos, un tiro de esa distancia. Increíble. En los entrenamientos, o jugando en el patio no ocurría este fenómeno. Únicamente en tiempo cronometrado por los partidos era cuando se producía tal maravilla. Profesores y alumnos llenaban todos los domingos el viejo pabellón del colegio.

Podríamos haber ganado la liga ese año, sin problemas. Pero no fue así. Y la verdad es que no importa ahora mucho. Este chaval se divertía jugando con nosotros y nosotros con él. Era solidario, orgulloso de sus compañeros y siempre llevaba una sonrisa a todas partes.

Le perdimos la pista. Domínguez se apellidaba. Era el mejor.

Es una profanación

Desde el partido de Segurilla, algo ha cambiado. Recuerdo aquel poster en mi habitación hace 30 años, del Real Madrid de baloncesto. Robinson y Jackson como extranjeros en una plantilla exquisita. Que par de manazas tenía Jackson apoyadas en sus rodillas. Enormes.  Miro las mías sentado en el banquillo. Tiempo muerto. Y vuelvo a Talavera, a su liga Local. Tendré un día de estos, que hablar con Santi de aquel último partido en el que se enfadó tanto conmigo-recuerdo. Nunca supe por qué. No hago memoria de haberle notado tan irritado en ninguna ocasión. No volvimos a vernos. Hace ya mucho tiempo de eso.

Se ha reanudado el partido y camino de los tiros libres le digo a mi pívot titular:

-Una pregunta te voy a hacer tío: ¿por qué decidimos hacer zona y tú te arrancas a presionar a toda pista? –no supo contestarme o  no quiso.

-Edu tenía razón. –pensé. Qué ridículo más espantoso.

 

domingo, 22 de febrero de 2015

All star

No hay nada como un Allstar. 
Pasas muchos meses en vilo pensando en las votaciones: ¿qué puedo hacer para que me voten y pueda ir al allstarrrr?-te preguntas una y otra vez, una y otra vez. Por fin, llegan los resultados pero no eres uno de los elegidos para la gloria. Pero te da igual, sigues pensando en el Allstar, el Allstar una y otra vez: ¿cuándo me convertiré en ese jugador que acapare votos para ir al Allstarrrr?-suspiras. 
Mientras, tu entrenador, sigue dándote todos los minutos… en el banquillo. Una pena. Las veces que logras pisar la pista, sin contar la rueda de calentamiento, tu coach, frustra tu progresión a pocos segundos de haberte dado una oportunidad: te vuelve a sentar pasándote la mano por el hombro… pero no te dice nada… 
Tú, sigues pensando en el Allstarrrr, maldito y querido Allstarrr, una y otra vez. Y tu madre te dice mientras mete en la lavadora tu equipación levemente sudada: Hijo, te han llamado… ¿quién?-interrupes. Allstar por favor, que sean los del Allstar-te repites en un bucle absurdo con cada cucharada de sopa. Manu y Sergio-dice tu madre mirándote a la cara, con esa cara que sólo puede poner una madre-vinieron a buscarte hace un rato, que los llames para quedar esta tarde.

domingo, 25 de enero de 2015

Objetivo: Tirar.

Ya lo dije al principio de la temporada. Y es que noto una descompensación en la fuerza. Pero es algo momentáneo… muy sutil por cierto. Cuando eso sucede, sé que no voy a fallar. La falta de concentración es un valor que carga en contra de mis intereses. Tengo que hacerlo… uno dos, salto vertical arriba. Acabo de recibir el balón y ya estoy en el aire. El codo de mi mano derecha se yergue como poseído por una atracción que viene de la espira perpendicular al cristal. Una gota de sudor recorre mi piel aún fría. El mal calentamiento que no pude evitar acelerando los estiramientos, provoca mis dudas y el balón parece que se me escapa de la mano. Mi dedo anular, completamente vano entre sus hermanos, es el último en despedirse. Ya estoy en el suelo. Suena chof. Seguimos jugando. Estamos aquí.