No hay nada como un Allstar.
Pasas muchos meses en vilo pensando en las votaciones: ¿qué puedo hacer para que me voten y pueda ir al allstarrrr?-te preguntas una y otra vez, una y otra vez. Por fin, llegan los resultados pero no eres uno de los elegidos para la gloria. Pero te da igual, sigues pensando en el Allstar, el Allstar una y otra vez: ¿cuándo me convertiré en ese jugador que acapare votos para ir al Allstarrrr?-suspiras.
Mientras, tu entrenador, sigue dándote todos los minutos… en el banquillo. Una pena. Las veces que logras pisar la pista, sin contar la rueda de calentamiento, tu coach, frustra tu progresión a pocos segundos de haberte dado una oportunidad: te vuelve a sentar pasándote la mano por el hombro… pero no te dice nada…
Tú, sigues pensando en el Allstarrrr, maldito y querido Allstarrr, una y otra vez. Y tu madre te dice mientras mete en la lavadora tu equipación levemente sudada: Hijo, te han llamado… ¿quién?-interrupes. Allstar por favor, que sean los del Allstar-te repites en un bucle absurdo con cada cucharada de sopa. Manu y Sergio-dice tu madre mirándote a la cara, con esa cara que sólo puede poner una madre-vinieron a buscarte hace un rato, que los llames para quedar esta tarde.
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